En esta columna, Aldo Barreto —Founding Partner & Co-CEO de Unilink— reflexiona sobre cómo el nuevo ciclo del cobre está redefiniendo las prioridades del abastecimiento minero, desplazando el foco desde la eficiencia de costos hacia la continuidad operacional y la disponibilidad real de materiales críticos.
Con más de 13 años liderando Unilink y una trayectoria previa de 11 años en SAP Ariba y Quadrem, Aldo aporta una mirada experta sobre la evolución del procurement en minería, en un escenario donde la presión productiva y la volatilidad de la demanda exigen modelos de suministro más resilientes, ágiles y orientados al nivel de servicio.
La industria del cobre está operando en un entorno que presenta señales estructurales distintas a las observadas en la última década.
La transición energética, la electrificación de la economía, el crecimiento de las redes eléctricas y el desarrollo de la movilidad eléctrica están impulsando una demanda sostenida por este metal. Proyecciones de organismos internacionales como la Agencia Internacional de Energía (IEA) indican que el consumo global de cobre podría crecer de forma significativa hacia 2040 en escenarios de transición energética.
Al mismo tiempo, el crecimiento de la oferta enfrenta restricciones relevantes. Menores leyes de mineral, mayor complejidad operativa, exigencias ambientales más estrictas y largos plazos de desarrollo para nuevos proyectos limitan la velocidad de expansión de la producción.
Análisis del International Copper Study Group (ICSG) y reportes de mercado coinciden en que el equilibrio entre oferta y demanda podría mantenerse ajustado durante los próximos años.
A nivel local en Chile, Cochilco proyecta precios del cobre en niveles históricamente altos para el período 2026–2027, reflejando un contexto favorable para el negocio, pero también más exigente desde el punto de vista operacional.
El impacto más relevante de este escenario no se observa únicamente en el mercado.
Se observa directamente en la operación.
En contextos de precios altos o márgenes elevados, el valor de cada tonelada producida aumenta significativamente. Como consecuencia, el costo de oportunidad asociado a una detención operacional se incrementa.
En este entorno, el principal riesgo para el abastecimiento ya no es el precio del repuesto o del servicio.
El riesgo crítico es el quiebre de stock en materiales de alta criticidad.
La falta de disponibilidad de un repuesto crítico puede comprometer la continuidad operacional y generar pérdidas que superan ampliamente cualquier ahorro obtenido mediante negociaciones de precio o estrategias de reducción de costos.
En estas condiciones, la prioridad del abastecimiento comienza a desplazarse desde la optimización del costo unitario hacia la protección de la disponibilidad de materiales críticos.
Cuando las operaciones aumentan su intensidad para capturar el valor del ciclo, los modelos de planificación y los niveles de inventario enfrentan una presión adicional:
En este escenario, mantener el nivel de servicio de inventarios —entendido como la probabilidad de disponibilidad del material en bodega al momento de la solicitud— se vuelve más desafiante.
La variabilidad operacional no disminuye.
Por el contrario, tiende a incrementarse.
Tradicionalmente, la madurez del abastecimiento se ha evaluado a través de indicadores como:
Si bien estos elementos siguen siendo relevantes, en un entorno de mayor exigencia operacional emerge una dimensión adicional: la capacidad de sostener el nivel de servicio de materiales cuando la reposición planificada no ocurre según lo esperado.
El verdadero desafío ya no es solo dimensionar correctamente el inventario, sino contar con mecanismos que permitan:
En este contexto, el desempeño del abastecimiento no se mide únicamente por cuánto ahorra, sino también por su capacidad de proteger la continuidad operacional a través de la disponibilidad efectiva de los materiales.
El nuevo contexto del cobre no elimina la necesidad de eficiencia.
Pero eleva significativamente el valor de la disponibilidad.
En ciclos de alta producción, el principal riesgo operativo no es el costo del inventario, sino el impacto que puede tener un quiebre en materiales críticos sobre la continuidad de la operación.
Prepararse para este entorno implica reconocer que la variabilidad es parte del sistema y que la resiliencia del suministro será un factor clave para sostener los niveles de servicio definidos por la ingeniería de materiales.
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